¿Por qué dejamos de dibujar cuando crecemos? Rosario Lucas y la importancia de no olvidar la infancia

La ilustradora mexicana Rosario Lucas reflexiona sobre el adultocentrismo, la construcción de imaginarios infantiles y el papel de las imágenes para contar otras historias. A partir de su participación en Canción de protesta por lxs jóvenes detenidxs desaparecidxs, comparte por qué dibujar también es una forma de preservar la sensibilidad de la infancia y abrir espacio a otras maneras de mirar el mundo.

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Pepe Moss

11/2/20264 min read

Cuando somos niños, dibujar parece algo natural. No necesitamos saber de técnicas ni preguntarnos si lo hacemos bien: basta una hoja, algunos colores y la posibilidad de imaginar. Sin embargo, conforme crecemos, muchas veces dejamos de hacerlo, como si crear imágenes fuera una actividad que debemos superar al llegar a la adultez.

Para la ilustradora Rosario Lucas, dibujar significa conservar algo de aquella etapa y compartir con otras infancias el acompañamiento que ella encontró en los libros.

Durante el Sexto Encuentro Internacional de Infancias y Adolescencias, celebrado el 17 y 18 de octubre, conversé con ella sobre el adultocentrismo, la construcción de imaginarios y la importancia de contar historias desde otras perspectivas.

Dibujar para no olvidar

El acercamiento de Rosario a la ilustración nació de una experiencia personal: no quería olvidar cómo se sentía ser niña y adolescente, ni el papel que tuvieron los libros durante algunos de sus momentos más difíciles. «Mi primera razón y acercamiento de querer dibujar justo era acercarme a los niños. Mientras crecía, tenía muy claro que no quería olvidar cómo se sentía haber sido un niño y haber sido adolescente; en muchos momentos de soledad o en los que yo me sentía un poco desamparada, los libros y las ilustraciones que acompañaban esas historias me acompañaron a mí. Entonces yo quería hacer lo mismo para otros niños y por eso decidí dedicar un poco mi vida al dibujo».

Esa relación con la infancia también atraviesa su manera de entender el oficio. Cuando le pregunté cómo la ilustración puede cuestionar el adultocentrismo, Rosario recordó que dedicarse profesionalmente a dibujar no siempre fue considerado una decisión adulta. «Creo que dedicarte como adulto a dibujar es considerado como algo un poco infantil. Siento que todos empezamos y, en algún momento, siendo niñas, dijimos: “Yo quiero dibujar, a mí me gusta mucho dibujar y me voy a dedicar a dibujar”. Pero quienes se aferran y no abandonan esto, cuando ya tienen 20 años y parece que va en serio, eso le pasó un poco a mi familia».

Para ella, el problema está en considerar estas actividades como menos importantes por asociarlas con la infancia: «El dibujo también es una gran fuente de ir y depositar un montón de emociones, de cosas que no pasan en la palabra escrita, que no pasan en otros lugares. Creo que nadie debería abandonar el dibujo. Justo es parte del adultocentrismo pensar que estas actividades son menores, son menos importantes, no son vitales. Y sí lo son, porque estamos hablando de cosas que son emocionales y por eso, cuando las descuidamos, todo lo demás también se cae».

Imaginar otras formas de ver el mundo

El adultocentrismo también puede manifestarse en las imágenes que ponemos al alcance de las infancias. Los referentes visuales participan en la construcción de sus imaginarios, pero no todas las propuestas tienen la misma presencia ni las mismas posibilidades de circulación.

Al preguntarle por el papel de quienes ilustran en la construcción de otros imaginarios infantiles, Rosario señaló la dificultad de encontrar espacio entre la enorme cantidad de imágenes que circulan actualmente: «Es un papel importantísimo, sobre todo ante esta mayoría arrasadora de imágenes, como por ejemplo ahorita que son las creadas con IA o todas las que vienen más bien como de Disney. Tratar de encontrar entre todo ese ruido que las otras imágenes también sigan viviendo. A veces se siente como imposible».

Como ejemplo de otras posibilidades gráficas, recordó las ilustraciones de Isol : «Le gustan a los niños porque se sale de la raya, como ellos. Es que te sales de la raya como yo».

Para Rosario, encontrar imágenes diferentes también permite que niñas, niños y adolescentes descubran otras maneras de reconocerse y representar el mundo. Quienes ilustran participan en esa construcción: «Siento que somos un poco como la semillita de lo que sea que el niño luego va a ver o de cómo va a construir. Entonces creo que sí es un papel muy importante».

Ilustración de Ilso para el libro Petit, el monstruo

Historias que también necesitan ser contadas

Esa necesidad de ampliar los imaginarios infantiles también implica preguntarnos qué historias llegan a las infancias y cuáles suelen quedarse fuera.

Rosario participó en Canción de protesta por lxs jóvenes detenidxs desaparecidxs, libro escrito por Adolfo Córdova y Daniela Rea, publicado por Libros UNAM en 2023. A través de la historia de Lupe, la obra aborda la desaparición forzada y reúne canciones, poemas, testimonios y otras referencias culturales para construir una memoria colectiva.

Su publicación abre una discusión sobre los temas que pueden abordarse en la literatura infantil y juvenil. La desaparición forzada forma parte de la realidad social y de las historias que atraviesan a distintas comunidades. Acercarse a ella desde una obra dirigida a lectores jóvenes también significa reconocer que las infancias tienen derecho a conocer y comprender el mundo que habitan.

Quizá no se trata de decidir qué historias pueden o no conocer, sino de encontrar las formas de contarlas sin subestimar su sensibilidad ni su capacidad de comprender.Al final, conservar algo de la infancia no significa permanecer en ella. Significa no perder la capacidad de mirar, imaginar y expresar aquello que todavía nos conmueve. Porque las imágenes que hoy compartimos con niñas, niños y adolescentes pueden convertirse en semillas de las historias que mañana serán capaces de imaginar.

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