LOOP: ¿quién es el autor cuando nadie firma?
El colectivo LOOP transforma el anonimato y la pintura colaborativa en una propuesta que cuestiona la autoría individual. René Buitrón, vocero del proyecto, habla sobre su método creativo, la cultura pop y el trabajo detrás de las obras que forman parte de Yuxtaposición 0.1. Revisión pegadita, exposición de América Tropical. Barra de Arte, en la Roma Sur de Ciudad de México.
CULTURAENTREVISTAARTEIDEAS
Pepe Moss
10/14/20264 min read
¿Qué hace que una obra de arte sea reconocible? ¿La técnica, la imagen, la firma o el nombre de quien la creó? En un mundo donde la identidad del artista puede convertirse en parte del valor de una pieza, el colectivo LOOP propone un juego distinto: reunir a varios artistas frente a un mismo lienzo, combinar sus estilos y dejar que el resultado hable por sí mismo. Nadie firma individualmente y nadie sabe con certeza quién pintó cada fragmento.
La propuesta puede enYuxtaposición 0.1. Revisión pegadita, exposición colectiva presentada el viernes 9 de octubre en América Tropical, espacio cultural independiente ubicado en la Roma Sur. Entre pintura, cultura pop, mezcal y música, la muestra reunió el trabajo de LOOP con el de otros artistas vinculados con la galería. Para entender qué hay detrás de este proyecto, conversé con René Buitrón, músico, ideólogo y única cara visible de un colectivo que prefiere mantener a sus artistas en el anonimato.
Una obra, muchas manos y ningún protagonista
«El chiste de todo es que sea completamente anónimo», explica René al hablar de LOOP. La frase parece sencilla, pero plantea una pregunta: si una pieza pasa por las manos de varios artistas, ¿a quién pertenece?
LOOP surgió hace aproximadamente tres años como una ocurrencia durante una borrachera que terminó convirtiéndose en un proyecto sostenido. Sus integrantes bocetan, intervienen y pasan las piezas de uno a otro hasta construir una composición conjunta.
«La pieza nunca la acaba un solo pintor, la acaban mínimo dos o tres pintores y hay veces que hay un cuarto invitado, un quinto», me cuenta. El resultado es una especie de patchwork-collage pictórico, donde distintas intervenciones terminan formando una sola imagen. Y aunque podría parecer una estrategia diseñada para combatir el ego artístico, René aclara que no fue así desde el principio: «No fue pensado en un no ego, pero acabó funcionando así».
En poco más de tres años, el colectivo ha colocado más de 70 obras en México y otros países, de acuerdo con las cifras compartidas por René; sus integrantes continúan ocultos detrás del proyecto; él es quien habla con coleccionistas, coordina conceptos y producción, y funciona como la única cara visible de LOOP.
«A los clientes les encanta el misticismo de no saber quién es y solamente ver a un vocero, que soy yo, diciendo lo que, pues, malinterpretó de ellos», dice entre risas. El anonimato, entonces, no significa que LOOP carezca de identidad. La identidad está en el conjunto: en la forma de trabajar, en las referencias que utilizan y en la decisión de que ninguna persona pueda apropiarse individualmente del resultado.
Del loop musical al collage pictórico
El nombre del colectivo proviene de la música. Un loop permite tomar un fragmento sonoro y reutilizarlo dentro de una composición nueva. LOOP traslada esa lógica a la pintura: toma elementos existentes, los reinterpreta y los combina con otros para construir algo diferente.
«Nosotros en la pintura hacemos eso porque nos agarramos toda la pintura que nos gusta y la que no, y hacemos un loop, agarramos un pedazo», explica René.
El collage, por eso, no solamente está en la imagen final, también está en la manera de producirla: cada integrante recibe una composición y una paleta que no necesariamente creó, y debe intervenir sobre el trabajo de alguien más.
A partir de ahí aparecen referencias al arte clásico y contemporáneo, la cultura pop, el grafiti y la ciencia ficción japonesa. Algunas de sus piezas representan mujeres como heroínas de una guerra de ciencia ficción, mientras otras incorporan elementos de stickers, tags y grafiti.
La tecnología también forma parte del proceso. René explica que las herramientas digitales les permiten desarrollar bocetos y composiciones complejas antes de llevarlas al lienzo. Pero la pieza termina dependiendo de las decisiones de varias personas y de su capacidad para hacer convivir diferentes maneras de pintar.
Es ahí donde el método de LOOP se vuelve más interesante: no se trata únicamente de juntar imágenes, sino de construir una obra a partir de lo que otros ya hicieron.
El arte sin la obligación de tener un nombre
La decisión de permanecer en el anonimato también tiene relación con la cultura del grafiti. René menciona como referentes a Banksy y Blek le Rat, artistas para quienes el anonimato y el esténcil forman parte importante de su historia.
LOOP aprovecha de una manera particular su presencia en el circuito artístico; sus obras se venden, llegan a coleccionistas y circulan a través de galerías. Lo que cuestiona es la importancia que puede adquirir el nombre del artista dentro de ese sistema. «El arte es una industria. Entendamos eso antes que otra cosa», afirma René.
Su postura frente al mercado es abiertamente crítica, también lo es frente al hype, esa dinámica que convierte determinadas tendencias, nombres o estilos en objetos de deseo durante un periodo determinado.
Para LOOP, el valor de una obra no debería depender únicamente de estar de moda. De ahí que el colectivo también haya desarrollado piezas con contenidos políticos, como una serie relacionada con la migración y la gentrificación que utiliza referencias de Star Wars para representar a migrantes latinoamericanos.
La contradicción no pasa desapercibida: una obra con una postura antigentrificación puede terminar en manos de un coleccionista extranjero y exhibirse en la Roma Sur, una de las zonas de la ciudad transformadas por ese mismo fenómeno.
René no parece preocupado por resolver esa paradoja. Para él, forma parte de la manera en que funciona el arte y, sobre todo, de la posibilidad de hacer algo que no esté completamente subordinado a las tendencias del momento.
«Lo más importante es el público», dice. «Al final lo que va a prevalecer, lo que va a haber en 40 años en la casa de nosotros ya como abuelitos, eso es lo importante».
Para mí, esa es la apuesta más interesante de LOOP. Descentralizar al artista para que la obra pueda sostener una conversación con quien la observa. América Tropical ofrece el contexto para hacerlo. Además de exhibir arte, el espacio funciona como punto de encuentro entre creadores y público, integrando exposiciones, música y gastronomía en la Roma Sur.
Para acercarse a la propuesta de LOOP no hace falta conocer el nombre de cada uno de sus integrantes ni dominar la historia del arte. Basta con mirar las piezas, reconocer alguna referencia, descubrir otra y preguntarse qué sucede cuando varias manos construyen una misma imagen.
Porque cuando nadie firma, la pregunta deja de ser solamente quién hizo la obra y comienza a ser: ¿qué encontramos en ella cuando dejamos de mirar el nombre?






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