Las infancias son el presente, pero ¿quiénes tienen acceso a él?
El Encuentro de Infancias Libres y Diversas reunió arte, literatura y activismo en el Museo Universitario del Chopo. Su apuesta por escuchar a niñas, niños y adolescentes también dejó una pregunta sobre las condiciones necesarias para acceder a la cultura.
Pepe Moss
10/21/20265 min read
«Hay una frase que a mí me choca que dice: “No es que las infancias son el futuro”. No, las infancias son el presente», expresó Georgina Jaramillo, gestora cultural, escritora de literatura infantil y fundadora de Niñeces Presentes, durante la sexta edición del Encuentro de Infancias Libres y Diversas.
El sábado 17 y domingo 18 de octubre, el Museo Universitario del Chopo de la UNAM recibió este encuentro bajo el lema Mi voz, mi poder: Activismo y Libertad. La propuesta reunió actividades de literatura, arte, radio, gráfica, deporte y ecología, además de conversaciones sobre discriminación, discapacidad, libertad de expresión y el entorno digital. La entrada fue gratuita.
Organizado por Niñeces Presentes y Más Libros, Mejor Futuro A. C., con apoyo de PROFEST 2026, el encuentro buscó abrir espacios donde niñas, niños y adolescentes pudieran expresarse, convivir y participar en las conversaciones que atraviesan sus vidas. Sin embargo, entre la intención de construir espacios para todas las infancias y las condiciones reales de acceso a ellos quedó una pregunta: ¿quiénes consiguen formar parte de estas experiencias culturales?
Escuchar a las infancias, ¿también dejarles decidir?
Para Gina Jaramillo, el origen del encuentro estuvo en la necesidad de hacer comunidad y propiciar conversaciones presenciales entre las infancias y adolescencias. La gestora cultural explicó que el proyecto ha construido una trayectoria de seis años a través de talleres, conversatorios y una escuela radial. «Hay tres ejes principales: la literatura, el arte y la creatividad. Entonces, a través de esas tres líneas de trabajo construimos talleres, conversatorios, tenemos la escuela radial que tiene seis años y de hecho todos los chavites que hoy fueron moderadores o que estuvieron entrevistando son graduades de esa escuela de radio».
La programación también buscó incorporar los intereses de sus participantes. Según Jaramillo, buena parte de los temas surgieron de la Escuela Radial Mi Voz, Mi Poder, donde se identificaban las conversaciones y referencias culturales que interesaban a niñas, niños y adolescentes.
Durante la primera jornada se realizaron actividades como El origen de las groserías, con el lingüista Adrián Chávez, y una mesa sobre activismo y discapacidad. El programa del domingo contempló talleres sobre el derecho a la ciudad, diversidad y creación, así como una conversación sobre los discursos que circulan en TikTok.
La participación infantil no se planteó únicamente como una invitación a escuchar: también buscó que las propias infancias intervinieran en la elección de temas y en la conducción de las conversaciones. Una apuesta pertinente en una sociedad que, como señaló Jaramillo, sigue siendo «muy adultocéntrica». Pero abrir espacios para que niñas, niños y adolescentes tomen la palabra también implica preguntarse quiénes pueden llegar hasta ellos y participar en sus actividades.
Adrián Chávez en el sexto Encuentro de Infancias Libres y Diversas
La gratuidad no garantiza el acceso
Uno de los retos que identificó Gina fue conseguir los recursos humanos y económicos necesarios para sostener el encuentro. «Es una sociedad muy adultocéntrica y las infancias nunca están en el primer orden de ideas o no son la prioridad cuando deberían de serlo», explicó.
La directora también reconoció la importancia de los apoyos institucionales para hacer posible el proyecto. La UNAM había acompañado su desarrollo desde sus orígenes, vinculados con la Cátedra Extraordinaria José Emilio Pacheco y Universo de Letras, mientras que PROFEST 2026 respaldó esta edición.
Sin embargo, las dificultades para financiar un proyecto cultural no son la única cuestión que merece atención. Durante la jornada del sábado, la asistencia que observé fue reducida, este dato no permite determinar por sí solo quiénes participaron durante los dos días ni explicar las razones de esa convocatoria, pero sí invita a cuestionar el alcance de la propuesta.
Que un encuentro sea gratuito no significa que su acceso sea universal. La posibilidad de asistir a una actividad cultural también depende de condiciones materiales como el tiempo disponible de las familias, los traslados, la información con la que cuentan y la cercanía con los espacios donde se organiza. Por eso, hablar de inclusión requiere mirar más allá de los objetivos y la programación. También importa preguntarse a qué comunidades llega una iniciativa, quiénes quedan fuera y qué condiciones permitirían ampliar su participación. La diversidad de los temas no necesariamente se traduce en diversidad de experiencias entre quienes asisten.
Recuperar espacios para encontrarse
La reflexión de Jaramillo sobre las infancias también se extendió a los espacios públicos y a la relación con la tecnología. La autora de literatura infantil consideró que la convivencia presencial debía acompañarse de una mayor participación de las personas adultas en la vida digital de niñas, niños y adolescentes. «Lo digital existe y no hay otra salida, van a llegar, pero sí creo que es importante darles los recursos de etiqueta digital. Que sepan que si algo sucede, si les piden una foto íntima, si sienten cierta violencia, pueden compartirlo con una persona adulta segura».
Su postura no consiste en negar la importancia de internet, sino en reconocer la necesidad de acompañar a las nuevas generaciones y ofrecerles herramientas para desenvolverse en esos entornos. La propuesta del encuentro buscó complementar esa realidad con experiencias presenciales de creación, conversación y convivencia.
Al recordar su propia niñez, Jaramillo señaló la transformación de los espacios donde jugaban las infancias: «Mi castigo era no salir a jugar, a patinar a la calle. Entonces diría que a falta de ese recurso público y político que es la calle, hoy estamos activando en museos, en espacios como Centro Cultural Universitario, porque necesitamos tener estos espacios, necesitamos confiar en nuestra comunidad y transformar desde ahí».
El Encuentro de Infancias Libres y Diversas puso sobre la mesa una discusión necesaria acerca del adultocentrismo y la participación infantil. Su propuesta reconoció que niñas, niños y adolescentes tienen ideas, intereses y capacidad para intervenir en su entorno. Pero el desafío de construir espacios verdaderamente incluyentes no termina al abrir las puertas de un museo ni al ofrecer entrada libre.
Si las infancias son el presente, también lo son aquellas que no siempre encuentran condiciones para acceder a la cultura. Escucharlas implica reconocer su voz; incluirlas exige, además, preguntarse qué hace falta para que infancias de distintos contextos puedan ejercerla y sentirse parte de una comunidad.
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