El territorio también se graba: Santiago Espericueta y el oficio de convertir la tierra en narrativa
El ilustrador, grabador y muralista Santiago Espericueta creó el cartel del Mezcalfest.mx 2026 a partir del imaginario del campo mezcalero: agave, animales, plantas, ciclos naturales y elementos espirituales. En esta entrevista con Lumus, habla sobre el proceso creativo detrás de la imagen, su concepto de “bestiario de elementales” y las similitudes entre el oficio artístico y la maestría de quienes producen mezcal.
ENTREVISTAIDEASARTEMEZCALDESTACADO
Pepe Moss
10/6/20265 min read
Los mejores carteles tienen secretos ocultos a simple vista, y el de la XIII edición de Mezcalfest.mx tiene tanto que contarnos. En medio de colores pastel, formas barrocas y una composición que parece sacada de un sueño particularmente mexicano, aparecen un colibrí, una avispa, un murciélago, una liebre, plantas, animales y un corazón que remite al maguey. No están ahí solamente para decorar; cada figura pertenece a una historia.
El responsable de convertir ese universo en imagen es Santiago "Vampiro" Espericueta, ilustrador, grabador y muralista originario de Torreón, Coahuila. Su trabajo ha estado marcado por el imaginario de La Laguna, el paisaje desértico, los regionalismos y la construcción de narrativas en espacios públicos.
Por eso, cuando Santiago explica el cartel que realizó para Mezcalfest.mx, resulta difícil verlo solamente como una pieza de diseño. Los símbolos y la cosmovisión que contiene van más allá del marketing o la publicidad: son narrativa.
«El cartel fue hecho básicamente en las bases de lo que es todo el trabajo que hacen los maestros y las maestras mezcaleras en el campo», me contó durante una conversación que tuvimos en el Mezcalfest.
Un corazón hecho de maguey
Para construir la imagen, Santiago no partió únicamente de una estética que pudiera resultar atractiva para un festival. Partió del proceso:
La polinización, la destilación, los ciclos del día y de la noche, los animales que participan en el ecosistema y el trabajo de quienes producen mezcal aparecen convertidos en un lenguaje visual. El colibrí representa al polinizador del día; el murciélago, asociado a la noche, introduce otra temporalidad; la avispa ocupa un lugar entre ambos.
La producción del mezcal atraviesa el tiempo y, en el cartel, los animales parecen conversar con los procesos naturales que hacen posible la creación del destilado:
“Aunque no aparezca ahí la luna y el sol, también estos procesos del tiempo de todo están ahí y que los animales fueran la representación del trabajo”, explica Santiago.
La idea resulta particularmente interesante porque desplaza nuestra mirada. El mezcal suele llegar a nosotros como una botella, una etiqueta, un líquido servido en un vaso. El cartel intenta devolverlo a un lugar anterior: el campo, los animales, las plantas, el clima, el trabajo y el tiempo que hicieron posible que esa botella existiera. En el centro de esa composición está el corazón.
Santiago explica que al retirar las hojas del maguey queda la piña, el corazón del agave, pero también el corazón de la tierra y del maestro mezcalero. El símbolo no es nuevo dentro de su trabajo: “Por eso casi todas mis piezas tienen corazones”, cuenta.
Los elementos naturales, entonces, no funcionan como un catálogo de referencias mexicanas, son piezas de un sistema. Y quizá por eso el cartel del Mezcalfest se siente como un pequeño ecosistema.
Un bestiario para mirar el campo
Hay una palabra que el "Vampiro" Espricueta utiliza para describir lo que construyó: bestiario. Durante el Mezcalfest, además de presentar el cartel, el artista participó con la ponencia Bestiario de un corazón de maguey, un título que prácticamente resume la operación conceptual detrás de su propuesta.
Pero el bestiario no se limita a reunir animales. «Para mí es eso, un bestiario de elementales», explica Santiago. Y enumera algunos de los elementos que forman parte de su imaginario: «el maíz, la calabaza, las víboras, los venados, los murciélagos siempre van a estar presentes junto con el agave u otro tipo de planta».
La palabra “elementales” ayuda a entender su aproximación. Santiago no habla solamente de naturaleza en términos biológicos, sino de una relación simbólica con aquello que forma parte de ella. En su obra aparecen animales, plantas, desierto, agua, fuego y referencias espirituales.
También está presente su interés por las historias, leyendas y saberes de los pueblos originarios. Para Santiago, ese acercamiento implica una responsabilidad: no se trata simplemente de tomar símbolos y convertirlos en una estética atractiva, sino de relacionarse con ellos desde el respeto.
En el cartel del Mezcalfest, esa intención se manifiesta en la convivencia de elementos que podrían parecer independientes, pero que forman parte de un mismo universo: el agave junto al animal, la planta junto al trabajo humano, lo visible junto a aquello que pertenece al terreno de lo espiritual. Un bestiario, en otras palabras, para mirar de otra manera el campo.
El oficio también es una forma de territorio
Para mí, la conexión más interesante entre Santiago y el mundo mezcalero está en una comparación que apareció casi al final de nuestra conversación; le pregunté por las similitudes entre el oficio y la maestría de quienes producen mezcal y su propio trabajo como artista y grabador. Su respuesta fue contundente:
«Es un trabajo de acierto error. Claro que hay maestras, maestros que te enseñan, que hay padres, abuelos que te enseñan, quienes nacen en círculos o de mezcal o de arte. Pero cada quien se tiene que forjar su camino. Hay lugares donde hay 80 palenques de maguey, pero no todos los mezcales saben iguales. En los artistas es igual, ¿no? ¿Dónde naciste, bajo qué clima te influenciaste?»
La comparación continúa:
«Yo creo que en eso nos parecemos como de por sí, en que observamos nuestro alrededor. El artista observa lo que está a su alrededor, saca las narrativas; y por medio de una bebida, de un destilado, un maestro, una maestra mezcalera también está contando una historia. ¿Qué río corre? Si hay un guayabo ahí en el río, él cambia el sabor, el clima. Yo creo que en eso es en lo que nos parecemos».
La similitud, entonces, no está necesariamente en el resultado final, sino en todo aquello que interviene para producirlo: el lugar donde se nace, el clima que lo rodea, los conocimientos que se heredan, las experiencias y las decisiones que terminan convirtiéndose en una obra o en un destilado.
“En la narrativa y en el proceso de creación, más que en el resultado final”, concluye Santiago.
Quizá esa sea la verdadera razón por la que su cartel funciona para Mezcalfest. Va más allá del cliché de poner una botella o una imagen del agave: intenta representar todo aquello que existe antes de ella: el campo deja de ser paisaje de fondo y se convierte en protagonista.
Los animales que participan en los ciclos naturales, las plantas, las historias, los elementos espirituales, el agua, el trabajo de las comunidades y las pequeñas condiciones que vuelven irrepetible cada proceso forman parte de la misma imagen.
Por eso el cartel del Mezcalfest puede entenderse como algo más que la imagen de una edición. Es una especie de mapa; un mapa que nos recuerda que el mezcal no empieza cuando alguien lo sirve en un vaso, empieza mucho antes: en la tierra, en el clima, en el conocimiento, en el trabajo y en las relaciones que permiten que algo exista.
Y ahí aparece la coincidencia que Santiago Espericueta plasmó en el cartel de la XIII edición de Mezcalfest.mx: el artista y el maestro mezcalero hacen algo parecido. Observan un territorio, encuentran sus historias y las transforman en una narrativa.


Cartel diseñado por Santiago "Vampiro" Espiricueta
Síguenos
© 2026 Lumus
Aviso de privacidad
Brillamos todos
Un espacio para mirar las historias que forman nuestro mundo.