Briela Ojeda, el folklore abierto de América Latina

La comparación podría parecer obvia, y quizá lo sea, porque el título otorgado a esta entrevista, nos deja saber que hay una clara referencia a Eduardo Galeano, periodista y escritor de origen uruguayo, que es considerado uno de los máximos pilares de la literatura latinoamericana.

Pero ¿Por qué referir en el título una de sus más entrañables y populares obras? Me explico. Las venas abiertas de América Latina, publicado en 1971, es un compendio sobre la historia más reciente (hasta ese punto) y en general de Latinoamérica, en el que, de forma detallada se habla de la perpetuación y la utilización de recursos naturales por parte de colonizadores.

En un sentido estricto y en contra posición, Briela Ojeda, hace más o menos algo similar con los recursos folklóricos y folcloristas de América Latina, incorporándolos magistralmente en su obra, logrando que su canción y estilo, sean abrazados por completo por una cultura continental, sin dejar de lado su nacionalidad colombiana, pero dominando todo el elemento de las tradiciones de pueblos originarios.

La siguiente, es una charla en torno a la primera gira de Briela Ojeda en nuestro país, quien ofreció una serie de íntimos recitales, principalmente al interior del mismo, llegando a los puntos de mayor interés para ella y su obra, esa que cobra más sentido al conectarse con los elementos más cercanos a la naturaleza.

 

-¿Cómo traduces esta primera experiencia en nuestro país? Dentro de un contexto aún incierto a consecuencia de la Covid-19

 

No tocar en Pachuca y en el Foro El Tejedor por todo esto del semáforo rojo, fue parte de saber que el principio es incertidumbre, y si nos frustramos por eso, todo será muy difícil. Afortunadamnte nos brindaron otro espacio para el concierto. He ido escalando poco a poco, desde siempre hice cosas muy íntimas, pero ahora ya se están abriendo espacios mucho más grandes. En Bogotá voy a tocar a La Media Torta, que es un concierto de Radiónica que ya es más abierto, además del Stereo Picnic para el siguiente año, con el cual tendré un cambio de dinámica, pero sin dejar de lado las cosas pequeñas, aunque mi último concierto sí fue como de 200 personas.

-¿Cuál es tu percepción sobre la conexión del publico mexicano con tu propuesta, que de algún modo preserva la llama de la canción de protesta y el intimismo en el folklore?

Siento que el camino que se ha forjado por nuestros cantores en las últimas décadas e incluso siglos, ha sido muy entregado al mismo pueblo. Son exactamente las mismas dinámicas de observar, agarrar de todo esto y proponer para dar de vuelta al pueblo algo con lo que se sienta identificado y de poder encontrar una voz para poder decirlo, lo cual me parece hermosísimo, como por ejemplo Mercedes Sosa, que igual ella tocaba otros temas que sí tenían que ver con la belleza de la vida, más allá de declamar que estamos en un mundo de miseria, porque al final eso es parte de la existencia humana y de su realidad.

Respecto a lo intimista, sería más por hablar de cosas personales, no creo que tenga mucho que ver con la representación del ego, o de mis desamores, o de lo cotidiano; tiene que ver ver más con cosas de la pulpa, del espíritu, de la misma psique, para poder atraversarlo y como todos lo tenemos.

-Háblame de tu colaboración con Laura “Lalo” Cortés, con quien haces Luna Munay y Burbujas, temas que abren y cierran tu disco Templo Komodo (Sello In-Correcto, 2021).

Conocí a Lalo en Bogotá. Soy diseñadora y quise a hacer doble carrera, así que cuando me presente, ahí estaba ella. Llevábamos la misma canción para audicionar; nos presentamos y ninguna, de las dos pasamos, dejé de intentar y seguí tocando por mi parte, sin embargo por ahí vi al papá de Laura, lo saludé y comenzó la amistad. Comenzamos a reunirnos mucho a cantar, porque nos gustaba lo que hacíamos.

Cuando comecé a estructurar el álbum, Luna Munay y Burbujas,  ya estaban listas y le dije a Lalo que quería que ella hiciera alguna parte. Fue por la mirada matemática que ella tiene, y cuando digo matemática, no es por rígida, sino por una matriz en la que están los sonidos, pero ella los percibe diferente, ¡y claro que va a armonizar! Ella entiende la tercera, la quinta y la séptima, ¿me explico?, tiene una forma súper clara de ver todas las notas. 

La invité porque ambas canciones son el incio y el fin, y si las escuchas de seguido, es un loop, un ciclo. Lo único que cambia en ambas canciones, es el tono, empieza en otra nota y ya está. Ya tenía todas la ideas y sabía que es lo que quería transmitir, le pasé una maqueta y Lalo ahí lo que hizo fue jugar con las armonías, eso tiene que ver mucho más con el ambiente que con la letra y la estructura. 

Esto se ve más en el final de Luna Munay, que tiene unos cruces de ritmos que se llaman hemiola (en música es la razón métrica 3:2. El estilo hemiolia es un ritmo musical común en Nigeria. Consta de dos compases de tres tiempos ejecutados como si fuesen tres compases de dos tiempos), con lo que se logra mantener a ambas canciones como medio gemelitas. Con Lalo la amistad empezó a crecer más lindo y encima tenemos el hecho de estrenar un álbum con ella, fue todo un lujo.

Quesquerés también es una canción muy bonita y potente, en la que se enfatiza y empodera todo lo que has absorbido de la cultura de la canción folklórica latina.

¡Qué lindo que digas eso de potente! No sé bien que sucedió con la canción, creo que tiene un impacto en el que siento que todos los ancestros estuvieran cantando conmigo de fondo. Acá son dos notas y era como evocar el mismo ritmo y la guapachosidad, voy a utilizar ese adjetivo (ríe), que es esa caracteristica del hablado pastuso (referente al grupo cultural indigena que habita el Nudo de los pastos de Colombia y una parte de Ecuador), yo soy de Pasto de Nariño y en esa sona somos muy consonantudos. Eso es lo que también diferencia, que es el jugar con las palabras y se genera mucho ritmo.  Es muy curioso, porque estaba con mi hermana y los versos simplemente salieron, aunque creo que el canal ya estaba caliente, no lo pensé mucho, creo que ya existían dentro de mí, con el contexto de tener un volcan al lado.

-Mi percepción de tu propuesta es que, está más influenciada por tus viajes, que por cualquier otro tipo de vivencias ¿Es así?

¡Claro, tienen que ver mucho los viajes! Conozco bien la música andina, lo que no me pasa con la música llanera y es que toca una emoción muy similar a la nostalgia, que al mismo tiempo comparte como una celebración que acaricia al alma de forma melódica. Me pasa con México, llevo todas estas semanas y me siento en casa, siento como si conociera el lugar desde hace mucho. Ayer hice un temascal en Milinalco y la forma de hablar es muy similar a la de Pasto, allá también hacen temascales, todas esas culturas ya se conocían desde antes y se compartían el conocimiento, es bien lindo despertar esa raíz, toda la información ya está en nosotros, es solo cosa de reconectarse con la misma raíz. 

-¿Qué te llevas de México, en todo sentido?

Sentía la tierra vibrando desde antes, un momento importantísimo. Saqué el tiempo suficiente para poder cantar, conocer, viajar, hippear, nadar en los ríos, visitar cuevas, cerros, ciudades y temazcales, son regalos muy lindos, es una experiencia bastante conmovedora y siento que también el día de muertos vino a enseñarme muchas cosas hermosísimas. La mirada de la muerte en Colombia se ha vuelto lastimosamente muy, muy escabrosa e injusta, se torna como un tabú el hecho de hablar de la muerte, la muerte es muerte, pero en México tiene una mirada tan diferente que hace quieras acariciar la vida y la muerte de forma distinta y celebrar a los ancestros y no mantenerlos en el olvido.

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