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Soledad

Posted on Nov 27, 2017 by in Cuento, Ficción, Hysterietas | 0 comments

¡La soledad también muere!, se repetía Francisco en el baño de su casa, con la cara mojada y agitado.

Tomó el trago que se había preparado anteriormente y fue a refugiarse en un sillón de su sala.

Casa grande, fría, ahí era donde vivía Francisco, pero esa no era una noche común.

De su billetera sacó una foto de una bella chica de cabello rizado color castaño, ojos esmeraldas y unos labios pintados de rojo que adornaban la bella sonrisa.  

-Por fin! , te encontré… Felicidad.

Un silencio al terminar esa frase se escuchó en la casa.

-Ya sé que estas aquí Soledad, te siento y te escucho…pero muy pronto ya no podremos estar juntos.

Nuevamente todo en silencio.

-¿Qué porqué te lo digo? Ya he encontrado mi felicidad, mi ruido, mi inspiración.

Como si Francisco pudiera hablar con el silencio, continuo su dialogo, que a oídos simples, sólo se escuchaba la voz de él.

-Sí, sí, ya sé que puede no ser justo para ti, pero lo nuestro no puede seguir. Mira que debemos parar esto.

-¿Qué no quieres esto? Sabías que iba a suceder esto cuando comenzamos, el final estaba implícito.

Francisco se levantó de su sillón con su trago en mano y de forma más fuerte y tono de voz más elevado continúo dialogando.

-¿Qué soy un malagradecido?… No, te equivocas, estoy consciente que has estado para mí, que me has escuchado, lo sé. Pero también tú frialdad me perturba, necesito unos brazos cálidos como los que me da ella.

El silencio continuaba. Pasaron dos horas y Francisco sentado en el suelo de su casa ya con unos tragos de más  y con rasgos de sentimiento.

-Esta noche es la noche Soledad, te amé, te amo y te seguiré amando, pero ya pasaron tres años y ahora mi corazón se ha enamorado de otra, perdóname y te dejo libre.

Se escuchó el silencio.

Gracias por todo tú amor Soledad, eres libre.

Francisco se levantó del suelo, fue a un pequeño garaje que improviso en su casa, tomó unos guantes, un pico y un saco grande.

Regresó a la sala de su casa y comenzó a romper la pared, el muro era muy duro pero después de una hora lo logró. En la pared había una caja de gran tamaño, la abrió y de ella saco un cuerpo envuelto en sábanas, lo despojó del trapo y dejó ver el cadáver de una mujer.

-Listo Soledad, gracias, pero tú amor, hemos terminado.

Tomó el cadáver y lo puso a un lado del saco enorme que llevo. Sacó  el cuerpo de otra mujer y lo colocó dentro del muro y antes de comenzar a llenar el hoyo:

-Ahora tú, Felicidad, eres la dueña de mi corazón, te vi en el parque, te hablé, tuvimos una cita y ahora eres mía y de nadie más.

Volvió a sellar la pared, puso el cuerpo de Soledad en el saco,  lo llevó junto con sus herramientas a su garaje y volvió a la sala.

Se preparó un trago y en su estéreo puso un vals romántico.

Así Francisco acabo con el silencio y termino con Soledad.

Jorge Cano

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