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Reflejos

Posted on Nov 1, 2017 by in Ficción, Hysterietas | 0 comments

Recuerdo bien a mi hermana, su sonrisa, su mirada, sus caprichos ¿Cómo no recordarla si era igual que yo?, literal somos gemelas.

Pero de pronto ya no volví a verla, sólo recuerdos de aventuras de infancia, juegos, enojos y dichas de ella me quedan. A veces me pregunto ¿Qué pasó con ella? Cuando les pregunto a mis padres, ellos no me dan una contestación clara.

-Ya no está con nosotros hija.

También me pregunto ¿Cómo sería si no se hubiera ido? Físicamente, en su vejez.

Ahora ya soy una mujer de cuarenta años y cada vez que vienen esas preguntas a mi mente, las respondo mirándome al espejo, como antes lo mencioné, éramos gemelas. Pero de las buenas, de las que se aman, las que se sienten, las que se quieren.

Recuerdo que en un verano, tuvimos una crisis lamentable en la familia; nuestra fuerza, nuestra líder, nuestra madre había caído enferma. Sí, nuestra familia era un matriarcado, como muchas que hay en México.

Mi madre era la fuerza, tanto como el calor en épocas frías. Mi padre es un hombre admirable, todo lo que teníamos era por los esfuerzos de su trabajo.

Sin embargo, mi madre para él era su todo, era la mente maestra, la genialidad de su vida, la razón de sus consejos le permitían a mi padre tener una mejor perspectiva en sus decisiones. La mente de mi madre era la guía de nuestra familia.

Pero dicen por ahí que todo lo bueno se acaba, y mi madre fue ejemplo de ello. Una enfermedad hizo que mi madre padeciera de delirios, su maravillosa mente se descontroló.

Eran momentos obscuros, una inmensa mierda de dolor y tristeza me invadía. No volví a ver a mi gemela, y mi madre se volvía loca.

Todos los fines de semana la pasábamos visitando a un doctor, muy curioso por cierto, tenía una barba enorme, que al parecer y según su complejo, reponía su escaso cabello, una voz gruesa pero rasposa.

Era muy amable conmigo, tal vez pensaba que por ser una niña pequeña sufría mucho por la enfermedad de mi madre. Yo le platicaba al doctor sobre mi hermana gemela, como jugábamos, las aventuras que vivamos y los enojos también que teníamos. Él me miraba muy tierno, y con cariño me acariciaba mi cabeza.

También le platiqué que mi hermana se había ido, le comente que talvez mi madre la regañó y la corrió, pero la extraño.

Al parecer mi madre empeoraba, las visitas al doctor era ya no sólo eran lis fines de semana, también entre semana. Yo me ponía muy triste, prefería estar jugando, y extrañaba en esos momentos más a mi hermana.

Pero el doctor, era muy bueno conmigo, ahora ya me regalaba pastillas de colores y sabores de frutas, siempre que iba me daba esos dulces.

En una noche de mi cumpleaños número ocho, al mirar las estrellas, extrañando a mi hermanita gemela, traté de recordar el último día en que estuve con ella.

Ya había pasado un año, en que no la volví a ver. Por eso traté de recordarla más a fondo.

Recuerdo que mis padres discutían, ellos siempre lo hacían, mi madre siempre le decía a mi padre que si seguía siendo malo, nos íbamos a ir y dejarlo.

Mi padre siempre la tomaba con fuerza y la movía de un lado a otro, yo creo que era para que no se fuera.

Una vez al discutir, logró lastimar a mi madre en el ojo izquierdo. Bueno la verdad ya no recuerdo bien, ya soy una mujer de 40 años, ya un poco olvidadiza. Me acuerdo que esa vez mi madre salió llorando.

Bueno, esa última vez que estuve con mi hermanita gemela, ellos discutían. La  verdad a mí siempre me ponía nerviosa los gritos, mi hermanita siempre me abrazaba y me decía.

-No tengas miedo estoy contigo.

Mis padres nunca jugaban con nosotras, mi padre ocupado en el trabajo, llegaba muy cansado y dormía,mi madre se la pasaba en casa de las vecinas, así que mi hermanita y yo eramos las únicas que jugábamos, por eso la  extraño: era mi compañera en días de soledad.

Esa noche que discutían, los gritos sonaban más fuertes, mi padre decía

-Me voy a deshacer de ella, es imposible que esté con nosotros.

Y mi madre le gritaba

-Tú no la tocas maldito.

Yo temblaba de miedo, mi hermanita me abrazo fuerte y cálidamente, ella tampoco quería que nuestros papis discutieran, sólo me dijo que ahorita venia, fue a la habitación de nuestros padres para calmarlos o distraerlos.

Al inicio se escuchó silencio, después gritos y cosas rompiéndose, no se escuchaba a mi hermanita, mi madre gritaba y mi padre igual.

Después de esa discusión, mi padre salió todo despeinado, agitado y mi madre salió atrás de él, llorando, despeinada y con la boca con sangre, tal vez volvieron a jugar luchitas, pensé. Quien no salió fue mi hermana y ahí ya nunca la volví a ver.

Tal vez, ahora que tengo cuarenta años, pienso que mi padre la lastimó, o mi madre la ahogo con su mar de lágrimas, tal vez mi padre se la comió cuando abrió enormemente a boca para gritarle a mi madre.

Mi madre enfermó, mi padre se fue y mi hermanita nunca regresó. Sólo en mi reflejo puedo verla.  

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