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No Llores

Posted on Ene 8, 2018 by in Cuento, Ficción, Hysterietas | 0 comments

Una y otra vez escuchaba Ramón cuando su padre lo regañaba y le daba una tunda.

¡No llores!

Para el padre de Ramón,  llorar era un símbolo de debilidad y eso no quería que fuera Ramón: débil. Así que le insistía que no lo hiciera.

Ramón poco a poco logró oprimir sus sentimientos, sus frustraciones, pero no del todo, siempre salía una pequeña gotita de lagrima entre sus ojos, la cual trataba de ocultar rápidamente para que nadie lo viera, o por lo menos no su padre.

La vida de Ramón, podría describirse como una vida normal, llena de alegría y de tristeza. Pero las tristezas las sufría al doble ¿Se imaginan no poder llorar? O de algún momento olvidar como se hace.

Perdida tras perdida, prueba tras prueba hacían a Ramón frió, sin sentir ni expresar una lagrima.

El primer dolor que tuvo, muy aparte de las tundas que su padre le daba y que su madre veía en una esquina y lloraba al verlo sufrir; fue cuando tuvo su primer amor, su primera novia.

Para la chica le parecía un chico tímido, misterioso y a su vez interesante, ella lo abrazaba, lo besaba, lo tomaba de la mano, todo para poder sentir su calor.

No obstante aunque Ramón sentía la calidez de su novia con todas esas atenciones, él no podría transmitir eso.

Él siempre se comportaba serio, tímido con un rostro muy duro y con pocas expresiones, esto dio como resultado que la relación terminara en unos tres meses. Y aunque para Ramón le dolía perder a su primer amor, no lograba demostrarlo; todo lo contrario, era la chica quien en un mar de llanto expresaba la tristeza de decirle adiós.

En aquel tiempo y con esa pérdida tan fresca en su mente, subió a la parte alta de un árbol, era plena noche y miraba el cielo.

Se preguntaba si de igual forma que las nubes en temporadas se juntan para crear tormentas de lluvia, existiría de igual forma un momento para que sus sentimientos se juntaran y crearan una tormenta de llanto, y así poder expresar su dolor.

Al pasar el tiempo, las pérdidas se acercaban más, su abuela materna de Ramón sufría alzheimer y de un día otro se olvidó de él:

Aquella tarde cuando sucedió, Ramón se acercó a su abuela para darle un beso y tomarla de la mano.

Al hacerlo, los ojos de aquella linda viejita se tornaron en Ramón, podría notarse que de forma poética la abuelita luchaba con todo para no olvidarlo, sin embargo perdió la batalla y cedió en decirle:

¿Quién eres?

Ramón se impactó, sintió un enorme hueco de olvido y soledad, la figura de aquella mujer, en la que en sus brazos siempre encontró Ramón, calidez y confort, hoy lo olvidaba.

No lloró, sólo se alejó de ella y se fue a al mismo árbol a meditar. Ese día pensaba del olvido de su abuela, y en seis meses, ese mismo árbol seria testigo de su reflexión por la pérdida de la misma.

Se ha de preguntar lector, no lloraba , pero, ¿Sonreía?.

Tenía sus momentos de felicidad, y era algo poco común escucharlo reír, sin embargo cuando se le escuchaba, daba unas enormes risas ruidosas que contagiaban a otras personas.  

Pero era muy limitado escucharlo o verlo reír, por algún motivo siempre la tristeza lo absorbía, se lo comía a trozos por dentro.

Su madre un día de uno año ajeno a la memoria, decidió irse de su casa, tal vez ya no soporto los maltratos de su padre, tal vez ya no soporto la pobreza o tal vez buscaba su libertad de ser y de felicidad. Se fue, se despidió de Ramón con un beso y partió con sus pertenencias; el ultimo recuerdo que le quedo a Ramón de su madre, fue verla cerrar el portón de su casa  y perderse entre la calle obscura.

Pasaron los años, y Ramón como es lógico creció. A la edad de dieciocho años, volvía enfrentar una perdida más: su padre. Aquel ejemplo de fortaleza, caía enfermo y dependía de la ayuda de Ramón.

Sin embargo, Ramón había encontrado una forma de poder expresar su sentir o por lo menos de olvidarse un poco de este mundo tan frió y ajeno que lo atosigaba año tras año, esa forma era escribir.

Escribía historias que lo llevaban a viajar a mundos diferentes, a contar cosas que en la realidad no se atrevían a vivir, múltiples vidas que no podía experimentar. Así Ramón podía viajar y ser alguien más en diferentes mundos, todo con un pluma y una hoja.

Su padre enfermo, en cama por una enfermad de los pulmones, resultado del vicio del cigarro.

La fuerza caía , o más o menos asi lo interpretaba Ramón. Su padre lo llamó a su cama para poder tener una última charlar. Se acercó y empezó a escuchar las  palabras de aquel viejo.

-Hijo, me voy, pero antes debo pedirte perdón por la dureza en la te trate, te dije que no lloraras nunca, que era debilidad, pues mira que me he equivocado. La debilidad no está en las lágrimas y mucho menos en no expresar tus sentimientos.
Exprésalos hijo, llorar, ríe, siente, que al no sentir te marchitaras por dentro como yo lo he hecho, que si no sientes no podrás renacer, no podrás dejar en la vida tu esencia.
Llora por tu padre que te abandona por la muerte y llora por tu madre que te abandono en vida. Te amo hijo.

Al decir esta última frase, el padre de Ramón soltó lágrimas y lentamente cerro sus ojos para no volverlos a abrir más.

Ramón corrió a su habitación, tenía una saturación de sentimientos en el pecho que no sabía cómo dejarlos escapar; así que busco la única forma, su cuaderno y su pluma, escribió y escribió, letra por letra fue notando que también de sus ojos salían lágrimas.Era una tormenta suelta en sus ojos, y seguía escribiendo.

Al día siguiente vecinos dieron aviso a las autoridades, había mucho alboroto en aquella casa en donde vivía Ramón; al llegar a la casa, los policías notaron que sufrió de una inundación, agua por todas partes, todo húmedo. Sacaron el cuerpo del padre de Ramón mojado totalmente.

Y de Ramón no se supo nada. Muchos dicen que se ahogó con sus lágrimas y otros dicen que se perdió en la gran historia que escribía en el momento en que volvió a llorar.

Jorge Cano

 

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