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Moonligth: La Esperanza Nunca Muere

Posted on Feb 11, 2017 by in Reseñas | 0 comments

Hace poco me encontraba en plena crisis existencial, y no es para menos: entré a mi segundo cuarto de siglo con un título universitario en camino (muy lento, por cierto), sin empleo, sin amor de pareja, amigos distantes y con una familia ocupada, o al menos, esa era mi perspectiva. Ya hablaré de eso en otra entrega.

Ante tal situación, puse casi todo mi empeño en sanar y qué mejor que con lo que para mí es la mejor medicina: el cine. Cierto viernes llegué a la Cinética Nacional y me topé con el estreno de Moonlight, vi el póster y no me atrapó como lo habían hecho Zoom o Florence: la mejor peor de todas, sin embargo era la que estaba en mi horario libre y de pronto ya estaba en la sala 3 acomodada en mi butaca.

Oscuridad. Pantalla en negro, aparece un título: “I. Little”. Comienza la película con la presentación inmediata de Juan (Mahershala Ali) un hombre alto, imponente, negro y un tanto mal encarado, caminando en una calle en la que todos son muy similares. Pronto conocemos a Little, apodo para un pequeño niño llamado Chiron (Alex R. Hibbert) y entonces la empatía comienza.

Juan y Little se vuelven inseparables, puesto que el niño se siente abandonado por su madre adicta y despreocupada (Naomie Harris), a lo que Juan y su novia Teresa (Janelle Monáe) responden dándole amor, seguridad, comida y de vez en cuando, dinero. Pero Little no puede ser Little eternamente, así que otra vez la pantalla se torna oscura y parece la leyenda “II. Chiron”. Little crece y se convierte en Chiron (Alex R. Hibbert), a secas, así sin rodeos, pero sí con muchas más inseguridades y preguntas de todo tipo; la soledad lo abruma y lo vuelve vulnerable, razón suficiente para ser el blanco del bullying preparatoriano; su madre se hunde cada vez más y Chiron sufre en silencio; a pesar de esto, el despertar sexual nace de la mano de Kevin (Jharrel Jerome), un amigo de la infancia, lo que nos envuelve en cierta problemática: la homosexualidad de clóset.

En efecto, la película se centra en las minorías: la comunidad afroamericana/latina (Juan es cubano), los gays en secreto y los drogadictos. No es de sorprenderse que ante tal situación, en la tercera y última parte de la historia, “III. Black”, no veamos nada de Little y Chiron, aparentemente, sino a un hombre fuerte, sano y con una vida extravagante gracias a la venta de las drogas; conocemos a Black, quien en el fondo aún guarda un poco de Little y a Chiron, pero los fortificó para usarlos como escudo ante una vida triste, cansada y de desdicha. Entonces, Black decide volver a casa y reencontrarse con mamá, con Teresa y con Kevin. Descubrir qué es lo que aún hay de sus otras dos versiones en él y quizá encontrar el amor o la felicidad. Algo que siempre le costó trabajo divisar.

“Moonlight” hace referencia al color del que se ven los negros bajo la luna: el azul que emana la luna cuando brilla en su máximo esplendor sobre la muy oscura noche sobre la oscura piel de los afroamericanos. Es uno de los momentos más calmados, cuando ocurren muchas cosas sin que los otros sepan o simplemente cuando descansas para seguir con tu vida a la mañana siguiente.

El montaje de esta película aunado al muy bien escrito guión, hace que nos demos cuenta de los clichés aquí tratados, ¿cuantas veces no hemos visto la “superación” de un negro, el bullying que termina en cárcel, la homosexualidad reprimida, familias rotas, drogas y hasta la evolución de un personaje a través de su vida? Ahora mismo podríamos mencionar muchas y nos sobran, sin embargo, Barry Jenkins, guionista y director, supo hacer de estos clichés un tema “original”, cuyo fondo y forma se fusionan con la atención del espectador que busca más allá de las mismas películas que tratan de los mismos temas.

Salí de la sala satisfecha con la película, no hice una mala elección. Little/Chiron/Black busca su lugar en el mundo, trata de encontrarse y definirse, salir a la calle sin miedos y expresar sus temores y fortalezas. Habrá que ser más como él y menos quejumbroso, hay que ocuparse y dejar de preocuparse, por eso mismo, la esperanza nunca muere.

Diana Garrido

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