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Los Héroes de Cascos Amarillos

Posted on Sep 25, 2017 by in Cuento, Ficción, Hysterietas, Sociales | 0 comments

En mi infancia aprendí a mirar héroes con capas, máscaras y con poderes que en momentos hacían separarlos de humanos a seres divinos. Así se formó la imagen de una heroína en mi mente, hasta que en estos últimos días todo eso ha cambiado.

El 19 de Septiembre del 2017 sin duda, será una fecha marcada en la historia de México y en nuestra memoria de quienes vivimos el terremoto que ocasionó pérdidas humanas y materiales. Pero que a su vez logró visualizar la heroína y la fuerza que llevamos todos.

Como Superman corriendo a una cabina telefónica para vestirse del colorido traje azul y rojo, como Batman apresurándose a la Baticueva  por su disfraz de murciélago.

Ante esta llamada de emergencia, pude ver a cada mexicano con un casco amarillo, brindando ayuda, brindando amor.

Don Tomás un hombre alrededor de 70 años que de oficio conoce de albañilería pero que por la edad ahora se dedica a ir por mandados para ganarse unos pesos. Decidió acudir a lugar de desastre más cercano. Un joven que encargado de una lavandería ocupaba a Don Tomás para mandados, le preguntó. ¿No vaya puede ser peligroso?.

Don Tomás lo miro y con una risa le contesto.

-Sí Joven lo es, pero si la razón por la estoy bien, es para tratar de ayudar a quienes no lo estén, eso se llama solidaridad.-

Don Tomás llego a lugar, pregonando su oficio, lo recibieron con aplausos y múltiples agradecimientos. Tomó su casco amarillo y tomó una roca para ayudar.

Doña Leticia dueña de una tlapalería, veía por su televisión las imágenes de aquél terremoto, se sentía amarrada, quería ayudar. Semanas atrás su hija fue internada debido a que sufría a unos problemas en su corazón, este mal ya había estado presente desde que era pequeña. Doña Leticia y su esposo Manuel cargaban con una tristeza y desdicha por esta situación.

Su negocio no marcha bien, y los gastos de las medicinas que necesitaba su hija eran muy elevados. Paso el día de la catástrofe, el hospital en donde se encuentra su hija afortunadamente no sufrió daño alguno solo el susto.

Pero al ver que en otros lugares no corrieron con la misma suerte y ver la unión que se daba, decidió donar toda su mercancía de su negocio.

Palas, guantes, tornillos, martillos, taladros, todo material de construcción. Su marido Manuel al principio no entendía si su esposa estaba delirando. Y al principio se opuso.  

Sin embargo llenaron su camioneta de cosas, dejando vacío su negocio.

-¿De qué vamos a vivir mujer?

-No lo sé, solo sé que estamos haciendo algo bien, por niños, por personas que necesitan nuestra ayuda, quiero que mi hija se sienta orgullosa de sus padres.

Los vi llegar, entregaron las cosas a los coordinadores, apartaron dos cascos amarillos y dos pares de guantes y comenzaron a pasar polines de madera.  

Santiago, vino de Cuba para visitar a su hermana quien vive en la Joya en Tlalpan.

El sábado tenía que regresar ya a su tierra, sin embargo por insistencia de su hermana y su pequeña sobrina de cinco años y una grata invitación de su cuñado decidió quedarse una semana más.

-Todo marchaba bien Brother. No esperábamos esto- me comentó mientras pasábamos ropa en una cadena humana-

Todo se movió, su hermana corrió a sacar a su hija que estaba en la sala, mientras ella lavaba ropa, él había ido a la tienda por un mandado, cuando el movimiento se dio con mayor fuerza, dejó la tienda y salió corriendo a la casa de su hermana. Las llevó afuera en la calle, mientras veía como la casa se movía como palmera, de un lado a otro.

Su hermana lloraba en su hombro, su esposo estaba en el trabajo y no podía comunicarse. Cuando pasó el día siguiente, le dijo a su hermana:

-Mira que ahorita vengo, me necesitan, tengo manos y estamos bien gracias a dios.

-No vayas- le dijo su hermana

-No, voy ayudar a la tierra que ha tratado muy bien a mi hermana, la tierra que ha recibido con vida a mi sobrina y que es su tierra también, tenemos que ser agradecidos.

Y así Santiago llegó a Taxqueña, y comenzó a pasar alimentos y ropa, yo lo tenía al lado. Motivó a cantar a todos los que nos encontrábamos ayudando el himno.

-Venga hermanos mexicanos cantemos su hermoso himno, no caigan que su patria es linda y agradezco por estar con ustedes.

Un coro de personas, incluyéndome a mí comenzamos a cantar el himno dirigidos por Santiago, un cubano, un héroe de casco amarillo.

Y así logre conocer a muchos héroes, mujeres y hombres, que en un día común guardan su identidad siendo obreros, profesionistas, extranjeros, estudiantes. Pero cuando su país, sus vecino o el de a lado los necesita. Se transforman en héroes de cascos amarillos.

Jorge Cano

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