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Idealizando nuestra (in)feliz infancia

Posted on Abr 30, 2019 by in Blog, Diario Hypermedia | 0 comments

Hoy desperté con la no-sorpresa del chat familiar con fotografías de mis hermanos, tíos y yo cuando éramos niños ¿qué hay detrás de esto que para algunos es ridículo?

La idealización de la infancia persigue a la humanidad desde tiempos remotos, el génesis judio-cristiano hace referencia a esa idealización más adelante verán porque ; la infancia es un tesoro que estamos destinados a perder desde que nacemos, el tiempo corre y nos alcanza, mientras sigas vivo.

¿Qué idealizamos de la infancia?

¿La felicidad? Las historias de vida de cada uno de quienes están leyendo este texto son muy diferentes y en momentos de nuestra niñez deseamos no estar ahí, deseamos ser adultos (ser grandes), hubo ratos que odiamos a nuestros padres, que odiamos a nuestros maestros y hasta nuestros compañeros. ¿En verdad la infancia es un edén o será que así nos gusta pensarlo?

¿La carencia de responsabilidades? Mis padres siempre me dijeron, “Lo único por lo que te tienes que preocupar es por tus estudios” ¿a cuántos de ustedes le dijeron lo mismo?

Nuestra sociedad vive en un estado infantil eterno, un estado en el que nos gustaría vivir sin responsabilidades y todos los placeres, consecuencia de ese argumento que nos dijeron nuestros padres. De ninguna manera les estoy culpando, ciertamente ellos no sabían lo que estaban creando.

Idealizamos el pasado porque lo conocemos, lo añoramos porque sabemos qué se siente estar ahí, el futuro nos da miedo. Y como defensa creamos y compartimos memes que dicen cosas como “Era feliz sin saberlo”, “En mis tiempos sí sabíamos divertirnos”, “Pinches mIllenials, están bien pendejos”.  ¿En serio?

La infancia de nadie de los que está leyendo este texto fue feliz. La felicidad es un estado latente, un estado efímero que perseguimos, más en una sociedad llena de falsos placeres ¿eras feliz? Sí, eras feliz porque tus padres o quien nos mantuviera trabajaban para nosotros, porque la escuela es un chiste comparado a la vida laboral mal pagada de un país en desarrollo, porque lo único que te estresaba era no pasar el nivel de algún videojuego, no correr más rápido que el goleador de la cuadra, o terminar la maqueta que al final algún adulto lo hacía por ti.

¿Ahora se dan cuenta porque el génesis judio-cristiano es esta ruptura? Un Dios que te daba todo sin tú esforzarte te expulsa del paraíso para que te ganes el pan con el sudor de tu frente.

Sí, posiblemente tu infancia fue un edén, pero a costa del sacrifico de quienes se hacían responsables de nuestros gastos y bienestar. No añoramos la infancia, añoramos ser unos mantenidos, añoramos no tener responsabilidades. No idealizamos la infancia, idealizamos los placeres sin responsabilidades, y así queremos que sea nuestra vida adulta:

Cuarentones y cincuentones presumiendo su infancia falsamente hermosa sin tecnología, pero con carencias que ahora quieren compensar con sobornos, excesos y coacciones a generaciones más jóvenes porque según ellos así es la vida.

Treintones que no saben qué hacer de su vida, porque la vida laboral no los satisface pero “de algo hay que vivir”, huérfanos de amor porque sus padres les dieron todo lo que ellos no tuvieron, pero insatisfechos en emociones viviendo en una adolescencia tardía comprándose cosas que de niños no tuvieron, o tuvieron, pero quieren más.

Veinteañeros petulantes sabelotodo porque “ya todo está en internet”, prosumidores (productores y consumidores) de bobadas en redes sociales, deseando tener más fama que el más popular de su conocidos, odiándose a sí mismos y amando su cómoda vida, victimizándose y teniendo ideas suicidas porque sus insatisfacciones de la infancia las traen cargando y las maquillan detrás de sus móviles.

La brecha generacional es irreconciliable, pero las personas se pueden esforzar en respetarse; pueden limitarse a entender que las infancias de cada generación fueron distintas y por ello nuestras vidas son distintas. Ninguna infancia fue feliz, sólo añoramos la idea de haber sido felices con placeres a costa de quienes eran (medianamente) responsables de nosotros.

Pepe Moss

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